Sin brújula para medio entender la avalancha de situaciones que con menos recursos e ideas deberán atender, lo único que han logrado las oposiciones del PRI y del PAN y “la chiquillada” es el intento incipiente de mimetizarse con el discurso y la agenda de Morena.

Los partidos distintos al fundado hace cuatro años copian en los estados la agenda social, reivindican el discurso contra la corrupción, reintentan una narrativa sobre seguridad pública y se lanzan a tratar de crear la impresión de que hay algo más importante que su sobrevivencia básica en una opinión pública dominada, con algunos atisbos de viralización de reales o aparentes equívocos, por el partido ganador de la elección presidencial.

Por eso desconcierta aún mas, al PRI y a otros actores, el resurgimiento del tema de la corrupción priista.

La investigación detallada de la Auditoría Superior de la Federación golpea el centro de flotación de la bolsita priista, del sistema que desearía tramitar cortésmente hasta diciembre su retirada. El desorden de Rosario Robles nos acerca nuevamente al tema central que decidió la elección.

Los datos fueron conocidos parcialmente a partir de febrero pasado. Relacionados con adquisiciones ocurridas en tres años previos, reencendieron el debate del deterioro ético y la credibilidad de la clase gobernante entre ciudadanos y actores políticos que advierten el hundidero de corrupción del que no parece escapar el partido de Enrique Peña Nieto.

Los datos revelados por la ASF -desde que en la precampaña el PRI se peleaba la guerra interna con intenso fuego amigo, cerca de 76 empresas a las que se dirigieron más de mil 900 millones de pesos, 708 de los cuales se habrían canalizado en efectivo a una decena de domicilios y personas ficticias- han sido descalificados por la propia ex titular de la Sedesol y actual secretaria de la Sedatu.

En su apoyo han acudido el ex secretario de Gobernación y senador Miguel Ángel Osorio Chong, y en contra, los panistas y los coordinadores de Morena en la Cámara de Diputados, Mario Delgado, y de Senadores, Ricardo Monreal.

Para el PAN hay evidencia de peores señalamientos que los dirigidos contra su candidato presidencial, Ricardo Anaya; para Morena, la catástrofe que causó el naufragio del PRI aún no concluye.

Mientras Robles pide que la investiguen hasta debajo de las piedras -aunque la investigación ya ocurrió-, sus críticos y quienes demandan consecuencias jurídicas y administrativas a los resultados de la investigación se preguntan si en el PRI no se han robado hasta esas piedras, las mismas que en este “año de Hidalgo” ya no están donde debieron quedar si fueran la metáfora de un bien público debajo del cual se protegería un valor.

En el tiempo nuevo, el partido que ha comenzado a gobernar debe resolver claramente la eficacia de la capacidad de investigación del Gobierno y la terminación de la impunidad asociada con delitos administrativos y de carácter penal, además de la agenda de austeridad que se ha impuesto y con la cual simpatiza la mayor parte de la población.

Si a las oposiciones no les da la cabeza tratar tantos temas de apariencia irresoluble en su situación de oposición muy minoritaria, la mayoría aplastante no debería permitirse ningún tipo de arrogancia.

Debe hacerse cargo eficazmente de su agenda social y ética, al mismo tiempo que se controla la tentación de los legisladores de no resolver con la mayor transparencia y austeridad los recortes de sus ingresos.

Que los contrastes sean probados, contundentes y rescaten alguna virtud de lo público.

@guerrerochipres