Manera idónea de vivir con menos presión, de permitirse jugar a un menor nivel pero sin sacrificar en lo económico: retirarse en destinos que futbolística o culturalmente resultan exóticos.

Japón, China, Estados Unidos, Qatar, con más baja frecuencia India y Australia, se han consolidado como parques temáticos para viejas glorias del balón. Ofrecen en algunos casos calidad de vida, anonimato para poder caminar por las calles, experiencias distintas, apertura a nuevos mercados, ligas con desafíos físicos y competitivos que darán pauta al deportista de casi 40 años a estirar lo más posible su carrera.

Ahora que Andrés Iniesta ha sido presentado por el Vissel Kobe, o cuando Xavi Hernández ha prorrogado su contrato en el Golfo Pérsico, o cuando la Major League Soccer disfruta de Zlatan Ibrahimovic y David Villa, o cuando Fabio Cannavaro dirige en China luego de haber jugado en Dubai y la India, o cuando Alessandro del Piero dejó sus últimas perlas en Australia, vale la pena recordar que esto no tiene nada de nuevo, que ni siquiera es producto de la globalización o de un mundo que se hace pequeño.

Basta con recordar que Pelé, tras casi dos años de retiro, volvió a la actividad con el Cosmos de Nueva York en 1975. Ahí se encontraría con la crema y nata del futbol de los sesenta y setenta: Franz Beckenbauer, Johan Cruyff, Gerd Müller, Bobby Moore, Johan Neskens, Elías Figueroa, Carlos Alberto, Teófilo Cubillas, Eusebio y George Best, estos últimos además con pasos, respectivamente, por México y Sudáfrica.

Puede plantearse que ahí nacieron los paraísos de jubilación para glorias del balón: precisamente cuando las estrellas de este deporte se habían convertido en fenómenos sociales capaces de trascender fronteras, ideologías e idiomas, aprovechaban ese alcance para al fin jugar relajados sin que eso atentara contra sus ingresos.

En la mayor parte de los casos, la historia no terminó en especial bien: falta de compromiso, descuido absoluto, ni rastro de la disciplina que les inmortalizó tan poco tiempo antes, choque cultural…, sobre todo, nostalgia. ¿De qué? De ya no vivir en el corazón de su deporte, de sentirse fuera del foco que les persiguió desde la adolescencia, de ser estelares.

Iniesta tiende a ser muy valorado en Japón. Por su manera de ser tan apegada a lo que el aficionado nipón agradece, puede pensarse en un matrimonio perfecto.

Con un preciosismo y un temperamento similares a los del ex barcelonista, Zico es visto hoy con pleitesía en Japón.

Sus años en el club Kashima Antlers culminaron con estatuas y niveles de adoración difíciles de describir.

A eso apunta el genio español. Tras barajar varias opciones y desechar la alternativa china que se planteaba concretada, ha tomado la mejor decisión.

Dichosos quienes a partir de ahora le disfrutarán en Kobe, justo donde pintara sus últimos lienzos con el balón el sensacional Michael Laudrup.

Twitter/albertolati

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