Foto: @erraticorunhes/Twitter Wolfe fue estudiante de la Universidad de Yale, Universidad Washington y Lee  

El escritor estadounidense Tom Wolfe, considerado el padre del Nuevo Periodismo, falleció este lunes en Nueva York a los 87 años, informó hoy a medios locales su agente, Lynn Nesbit.

 

El agente dijo a los diarios The Wall Street Journal y The New York Times que el autor de “La hoguera de las vanidades” estaba aquejado de neumonía y había sido hospitalizado por una infección en un hospital de Manhattan.

 

Nacido en 1931 en Richmond (Virginia), Wolf residía en Nueva York desde 1962, cuando comenzó a trabajar para The New York Herald Tribune y hacerse un nombre en el periodismo literario y la novela periodística.

 

Wolfe, que insistía en que la única manera de contar una buena historia es salir por ella, adoptó una actitud experimental con apoyo del director de ese diario, Clay Felker, quien animaba a sus reporteros a ir “más allá del periodismo objetivo”.

 

Fue entonces, a partir de la década de los 60, cuando contribuyó a crear un estilo híbrido que rompía con las formas convencionales de narrar utilizando técnicas novelísticas, al que también se unieron Truman Capote o Gay Talese.

 

Ese “nuevo periodismo” se consolidó en EU. a partir de 1973, con relatos escena a escena, diálogos completos y descripciones sobre comportamientos, formas de hablar o de vestir, que daban detalles “de categoría social”.

 

Entre las publicaciones que deja Wolfe están “El buen género”, donde relata la personalidad humana de un astronauta con motivo del primer viaje a la Luna, o “La palabra pintada”, en la que ironiza acerca del mundo actual del arte.

 

Retrató también a la sociedad de su país, utilizando dosis de sátira, en títulos “Todo un hombre”, “Bloody Miami” y “La hoguera de las vanidades”, best-seller en que expone la sed de dinero y poder de la Nueva York de los ochenta.

 

“No es solo un icono estadounidense, tenía una enorme reputación internacional”, dijo al WSJ Nesbit, quien lo calificó como una de las personas “más modestas y nobles” que conoció y nunca intercambió “una mala palabra” con él durante su larga colaboración.

 

TFA