Quizá el hecho de que a la coordinadora de Morena en la Cámara de Diputados, Rocío Nahle, le hayan reprochado, medio en broma, que su partido se había asociado “a la mafia del poder’’, tiró el acuerdo que la veracruzana había aceptado con el PRI para votar a favor de la instalación de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados.

 

Nahle participó en la reunión de la Junta de Coordinación Política, en la que se acordó someter a la votación del pleno la instalación de la Mesa, con la promesa de otorgarle una de las vicepresidencias, que le fue quitada por el Verde al sumar ocho diputados del PRI.

 

Y así se fue a la votación del pleno, en la que rechazó la vicepresidencia acordada y los 48 diputados de Morena votaron en contra, con lo que se impidió la instalación de la Mesa Directiva.

 

¿Qué pasó en el intermedio después de la reunión de la Junta de Coordinación y la votación en el pleno?

 

Nahle ha sido una férrea defensora de los dictados de López Obrador; no se sabe si el acuerdo que primeramente aceptó fue consultado con el tabasqueño o si éste le hizo un llamado de atención, luego de que se conociera el acuerdo de la Junta de Coordinación.

 

Morena, constituido en el fiel de la balanza, ha encarecido la negociación.

 

El coordinador de los legisladores del PRI, César Camacho, operó y apeló a la responsabilidad política de todos los grupos parlamentarios, pero ni el PAN ni PRD hicieron valer su advertencia de constituir un frente legislativo a la par del frente político oficializado ayer ante el INE por sus respectivas dirigencias nacionales.

 

El conflicto se postergó 48 horas más, y será hasta mañana cuando nuevamente se haga el intento de obtener los votos necesarios para la instalación de la Mesa.

 

Y aunque Morena sigue teniendo la palabra, no es descartable que en el Senado se envíe una señal de que por lo menos se hará el intento de dictaminar la iniciativa presidencial que elimina el pase automático de procurador a fiscal.

 

Hoy será el día de la negociación agria.

 

 

Si usted cree que son sólo cinco los senadores “traidores’’ de la bancada del PAN en el Senado, se queda corto.

 

El número de legisladores que están en contra de la posición del Comité Nacional del PAN es, por lo menos, de 15 de los 38 que conforman la bancada.

 

Si no se han manifestado abiertamente, como sí lo hicieron Ernesto Cordero, Roberto Gil, Javier Lozano, Jorge Luis Lavalle y Salvador Vega Casillas, es por la amenaza de expulsión y por una estrategia de sobrevivencia de grupo.

 

Pero cuente usted entre los rebeldes a Gabriela Cuevas, María Luisa Calderón, Mariana Gómez del Campo, José María Martínez, Fernando Torres Graciano y César Octavio Pedroza, entre otros.

 

En general, su rebeldía se relaciona con la sucesión presidencial, pero en buena medida también obedece a la línea de sus gobernadores, como José Rosas Aispuro y Francisco Javier Cabeza de Vaca, que se han manifestado abiertamente a favor de Raúl Cervantes para fiscal general.

 

Y eso que hace dos semanas habían prometido un bloque en contra del pase automático.

 

 

Muy mal la debe estar pasando el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, no sólo por las críticas a su deficiente gobierno, sino porque su coordinador de asesores, Rubén Rocha, dejó botado el trabajo para sumarse a las filas ¡de Morena!

 

¿Qué secretitos se habrá llevado al territorio de López Obrador?

 

caem