Esta semana, el Metrobús de la Ciudad de México cumplirá 10 años de servicio. Vale la pena hacer homenaje y reconocimiento de esta década, y sus protagonistas, pues Metrobús ha puesto el transporte público en la agenda de las prioridades de la capital mexicana y de las principales ciudades del país.

 

Cuando hablamos de Metrobús hablamos de un servicio que implica una serie de estándares de operación. Metrobús no es sólo un carril exclusivo y unas estaciones. Cada decisión, para su instrumentación, debe tomarse con criterios técnicos. Cuando esto no ocurre, normalmente se termina produciendo un error.

 

El Metrobús cada vez está más cerca del millón de pasajeros al día. La línea 1, que corre por Insurgentes, por sí sola supera los 500 mil pasajeros los días de mayor afluencia. Es cierto que en varios tramos y líneas hay saturación, y el Metrobús se ha vuelto víctima de su propio éxito. Sin embargo, Metrobús es una buena alternativa de movilidad, que suele ser utilizada incluso por automovilistas en algunos de sus viajes.

 

El hecho de haber colocado el primer Metrobús en la ruta más importante, Insurgentes, lo catapultó. Hoy la red de la Ciudad de México cuenta con 5 rutas, 105 kilómetros de servicio, una sexta línea en construcción. En la zona conurbada hay 3 líneas a cargo del Estado de México, que conforman una red de 53 kilómetros de Mexibús. Ciudades como Guadalajara, Monterrey, Juárez, Chihuahua, León y Puebla, cuentan con sistemas similares.

 

El Metrobús tiene un alto componente ciudadano en su desarrollo. Estos sistemas han sido impulsados por organizaciones sociales. La más destacada ha sido el Centro de Transporte Sustentable, y en particular su directora, Adriana Lobo. En la decisión acertada de comenzar la instrumentación del Metrobús en Insurgentes, tuvo un papel clave la entonces secretaria de Medio Ambiente, Claudia Sheinbaum.

 

Una figura fundamental en estos 10 años ha sido Guillermo Calderón, que tras ser el Director General de Regulación Ambiental del Distrito Federal pasó a dirigir el Metrobús a los 4 días de su inauguración. No era su tema, él mismo lo reconocía; sin embargo, generó procesos en la institución que han hecho que cada línea sea mejor que la anterior.

 

La modernización del transporte público no puede quedarse en el Metrobús. Al final de cuentas, cambiar el diseño de una avenida, poner estaciones al centro, incorporar autobuses de 16 o 24 metros de largo y hasta 20 toneladas de peso, ha generado tensiones y sinsabores, y ha mantenido una estadística alta de accidentes, cuya reducción es uno de los mayores retos a 10 años de operación.

 

El actual gobierno ha prometido desplazar los microbuses. Con casi la mitad del sexenio andado, sabemos que no lo logrará. Con la salvedad del equipo que el 19 de junio celebra la década de Metrobús, en las políticas de movilidad, el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera está solo, la incapacidad de sus colaboradores es evidente.

 

Los 10 años del Metrobús significan el éxito de una política pública, que en el fondo está marcando la ruta de la modernización del transporte. Hay que llevar este modelo de operación, pero sin estaciones, a todas las rutas de transporte público de la ciudad. Una de las promesas de este gobierno es la conformación de un Sistema Integrado de Transporte, algo que sólo podrá lograr si parte de lo que sí funciona bien, como el Metrobús.